Los Negocios Del Amor – Capítulo 1
Los románticos acostumbran decir que el amor es un sentimiento divino, gratis y un don del ser humano. Es lo que hay de más bello en el alma o que la hace tener belleza delante de tantas cosas feas que el individuo oculta en sus pensamientos. Dicen también que el amor es un derecho de todos y por eso, nadie es capaz de impedirlo, solamente sacarlo para si propio, a través de la pasión de una persona por otra.
No es lo que siempre se ve por ahí. La historia cuenta y continúa contando que, existen varias sociedades que no ven el amor como un sentimiento involuntario, pero como algo a ser conquistado con el tiempo. A depender del punto de vista, se puede estar cierto, sin embargo, la pasión que un individuo es capaz de sentir por otra persona no viene de la voluntad de querer o no apasionarse por esta o aquella persona, empero de un sentimiento misterioso de admiración por quien ni siempre se conoce o se comprende. Es por eso que se llama amor: se ama hasta las cosas más feas que un ser hace, porque este hechizo induce a ver belleza donde no existe o solamente se comprende que es algo normal del ser humano y no hay como cambiar ello.
Como yo estaba diciendo, ni todas las sociedades encaran el amor del modo arriba escrito. Lo ve como un negocio o un acuerdo comercial, o sea, del mismo modo como se compra y vende una mercadería. Parece mentira lo que digo, pero también una crítica, a pesar de yo no tener nada haber con ello. Muchos también no aprecian la manera como su pueblo encara el comercio del amor, pero si alguien fuere a criticar, estará desafiando un tigre que no permite que su modo de vida sea cuestionado.
También no es de mi interés citar los pueblos que transforman el casamiento como una prestación de servicio o en un producto de beneficios materiales, hasta porque, debe ser respetado el derecho por el cual cada persona escoge y sigue su vida. Hay familias que ya eligen el amor de sus hijos, antes de ellos siquiera nacieren, tentando escribir sus historias antes que el destino la haga, o entonces cuando son todavía pequeños y por eso no tienen el poder de decir “sí” o “no” para las decisiones que más alegrarán a los padres que a ellos.
No hay como comandar el corazón. Es él quien comanda las actitudes de un hombre y una mujer. Empero, estos tipos de pueblos creen que el amor viene con el tiempo, siendo posible adquirirlo después del matrimonio.
¿Pero, por qué el casamiento tornase un negocio? La razón es muy sencilla, aunque yo no debiese cuestionarla y apenas respetarla e intentar entenderla: el hecho de la familia de la novia ofrecer un dote al novio, debería ser considerado un negocio muy lucrativo: es el padre pagando a un hombre para casarse con su hija, como se quisiese librarse de ella o entonces que ella no fuese capaz de lograr un novio por las cualidades que posee. Es lo que parece, aunque hay otros motivos, como las herencias culturales. ¿Y, si después del matrimonio el marido decidiese matar la mujer o tramar una traición para ella, solamente para librarse de la esposa, sin devolver el dinero que gañó por causa del cambio comercial?
Cualquiera familia anhela que su hijo y/o hija se case con alguien de buen carácter, que sepas amarlo(a) y respetarlo(a). Para los hijos, los padres quieren que ellos tengan una esposa que sepa a cocinar y arreglar la casa, mientras que para las hijas, ellos quieren que ellas tengan un marido que pueda darlas lo todo que necesitan, como confort y bienestar social.
¿Pero, cómo decir “no” a las reglas impuestas a esas sociedades por su propia gente, caso alguien decida no aceptar quien los padres eligieron para una vida entera? Es cierto decir que esta persona será considerada una rebelde, una pecadora y muchos otros nombres malos, simplemente por querer trazar el propio camino a contrapelo de seguir lo mismo que los demás, como una manada de elefantes o cualquier otro animal que anda agrupado. Quizás, ello sea una de las razones para que varias mujeres intenten cometer suicidio ya que los padres no consiguieron convencerla durante la juventud a aceptar un destino que no fuera escrito por la manos de Dios y ni por las propias, pero por las de letras y leyes de los hombres que tendrían toda chance en cambiar su realidad para mejor.
Esos tipos de acuerdos comerciales ya existían desde que el hombre descubrió una forma de ganar más dinero o mantener lo que tiene, con los matrimonios inventados para no compartir la herencia de una familia con otra, a través de las uniones entre parientes o en el caso de algún príncipe, rey u otro noble que necesitaba heredar un reino o continuar con lo que ya tenía. La historia nos cuenta eso claramente, como por ejemplo, la unión entre Cleopatra (reina de Egipto) y su hermano, con un único propósito: concentrar en las manos el poder de su dinastía. Este fue un caso que yo pude me recordar, porque la historia está llena de ello.
Lo que más me sorprende en esas historias de amor por una corona, es el hecho de los nobles se casaren muy temprano, con edad aproximada de 12 a 15 años, como es el caso de la reina egipcia o de Carlota Joaquina (princesa de España entre el siglo XVIII y XIX) que fuera obligada a casarse con 10 años de edad con el príncipe portugués, Juan VI, teniendo su juventud robada con los deberes de una adulta.
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