miércoles, 26 de noviembre de 2008

El Dueño de las Palabras

Hoy, en el Siglo XXI, es más seguro decir que nuestro mundo está dividido en dos: el mundo real y el virtual. El mundo real es aquel que podemos ver y tocar. En el virtual solamente lo miramos. Sin embargo, este último apenas existe porque existe el real para crear el imaginario o simplemente el ciberespacio. Con los avances del mundo moderno que nace para nosotros, podemos registrar cualquier cosa a cualquier hora y local, dejando escrito en algún lugar, como una hoja de papel (real) o en la Internet (virtual).

Cualquier persona puede escribir alguna cosa. En el mundo actual los sitios y los blogs sustituyen los manuscritos del pasado, no necesitando más un bolígrafo, pero un poco de práctica en una computadora, conocimiento sobre determinado tema y voluntad, nada más. Érase el tiempo en que las personas iban a la biblioteca pesquisar algún trabajo para la escuela o la facultad y gastar todo su dinero en copias de libros. Ahora todo está online y de la manera más sencilla, pues la información es actualizada constantemente. Hay quien escribe sobre geografía, matemática, química, física, idiomas, ciencias, informática, amor, sexo, religión, noticias, etc. En la rede global de computadoras encontramos todo lo que necesitamos saber por curiosidad o hacer un bueno trabajo, no siendo necesario ir tan lejos cuando se tiene el mundo dentro de casa.

En verdad, el ser humano no está siendo más un lector pasivo, pero un lector activo, porque comparte su conocimiento en la red, donde lee y también escribe, tornándose un ciberescritor o webescritor, usando el mundo virtual como sus páginas.

Más allá de los temas citados que podemos encontrar en la Internet, es importante citar las “webasuras” o simplemente las “weboñigas”, o sea, páginas y/o escritos sin ningún valor de utilidad para el ser humano, apenas ocupando un espacio que podría ser usado con cosas más útiles. También hay otros que no tienen contenidos propios y se tornan verdaderos papagayos virtuales, repitiendo todo que es dicho por otras personas y/o medios. Sin embargo, toda libertad tiene un precio y ése es el nuestro, que tenemos que permitir todo, porque es eso que torna el mundo plural y productivo: el cambio de informaciones, que otrora eran guardadas egoístamente, empero el hombre de hoy está aprendiendo que solamente comparando dos modos de pensar es que se llega en algún lugar.

Lo bueno de esa libertad virtual es que no se necesita destrozar ningún árbol y gastar papel para escribir lo que se piensa, inclusive pudiendo ser corregido cuando quisiere. La naturaleza agradece ello. Sin embargo hay algo que precisa ser cuestionado: como ya fue dicho acá, toda libertad de expresión tiene un precio: todo que tú piensas es tuyo, pero todo que hablas o escribes no te pertenece más, empero al mundo, porque los receptores de tu información se sentirán en el derecho de usarla como desearen, ya que no hay cómo saber quien nos accede. Hay quien nos use para una buena causa, pero hay aquellos que se aprovechan de lo que dijimos y usa ello en contra nosotros o entonces para justificar sus malas acciones, nos adoptando como un símbolo metafórico o filosófico (quizás algo que ni el individuo cree, pero él/ella persiste en nos usar para no sentirse sucio consigo propio). Hay quien nos use y nos reconoce como autores de tales informaciones, pero hay aquellos que se aprovechan de nuestros registros y se digan autores de ellos, en un actitud de plagio o piratería de informaciones.

Después que este texto estuviere publicado, él no será apenas mío, pero de todos los ciberlectores, porque estaré compartiendo una idea, una filosofía y una cultura de pensamientos. Por eso yo resalto que la solamente la idea pertenece al individuo, pero su transformación en realidad va a pertenecer a quien desarrollarla. En el ciberespacio esto se confunde, porque hay personas que viven en él como si fuese el mundo real (probablemente una fuga de la realidad, porque no se consigue soportar el dolor y los fracasos continuos, prefiriendo engañarse al creer que su mundo está maravilloso).

¿En dónde se quedan todas las informaciones? Si fuese en el mundo real ocuparía mucho espacio en los anaqueles y en algún momento irían para la basura porque los libros estaban viejos y no tenían más ninguna utilidad o entonces porque las termitas ya se encargaron de hacer el trabajo del tiempo. Como se trata de la web, los contenidos quedan en pequeños archivos en los sitios, que no paran de aumentar. En los textos escritos en papel no hay como añadir todos los nuevos acontecimientos, pero en las páginas virtuales, sí.

Con tantas cosas que añadimos a diario, es difícil saber quien es el autor de determinada cosa, porque como se dice por ahí, “nada se inventa, todo es copia de un invento anterior”. Y así, las palabras se pierden y se encuentran en la boca o en las manos de quien usarlas mejor.

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Internet: beneficios y maleficios – Capítulo 2


De la internet a la locura


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