martes 24 de febrero de 2009

Fácil Decir, Difícil Hacer

Se hay algo que me fascina en el ser humano es el hecho de mostrarse como dueño de alguna verdad. Es impresionante como se soluciona rápidamente los problemas de los demás. Según parece, encontrar salida para las complicaciones ajenas siempre fue más fácil de lo que encontrar las propias. Como se dicen: “si consejo fuese bueno no se lo daba, pero sí se lo vendía”. Pese a yo detestar usar clichés y otras frases hechas, ese fue el modo que yo encontré para que tú, lector, pudiese comprenderme. Cuando no se está en el pellejo de los otros, o mejor, cuando se está de fuera, determinada situación es vista de otra manera, la cual muchas veces quien está viviendo un conflicto no consigue ver, porque no es capaz de darse cuenta de todas las piezas de un juego, y sí, concentrándose más en las consecuencias de lo perder y lo ganar.



Solamente lo que se escucha es “si yo fuese tú, haría eso o haría aquello”. Sin embargo, cada momento es único y ninguno es totalmente igual para otra persona. Todo es temporal, y ni siempre tú que sabes tanto de la vida podrás estar listo para determinada situación en que juzgaba ser capaz de revertirla. Por eso es fácil decir, difícil hacer.



Hay algo que sorprende mucho a respeto de las personas: aunque intenten encontrar su propio lugar, hacen todo para estar en el lugar de los demás, o porque desean ser o tener lo que ellos poseen, o porque se lo imaginan comportándose como ellos. Cuando se escucha alguien contar un hecho, luego se dice que determinada persona podría haberlo hecho de otra manera. En el fondo el ser humano gustaría tener un control remoto para poder conducir y/o controlar las personas a su modo, porque en el ego de cada individuo, si fuesen como éste, no cometería tantos errores o entonces no sería tan picardeado así.



Antes de yo nacer ya se lo decía: “perro que ladra no muerde”. Y por cierto, quien habla mucho hace poco. Quien realmente hace algo lo practica en silencio y apenas lo cuenta después (si contar).



Se vive mucho más en la suposición de lo que en la práctica. Las personas utópicamente dicen que serían capaces de hacer eso o aquello. ¿Ellas lo serían realmente? Algo chistoso es decir, por ejemplo, que sexo no es todo y que solamente el amor supera todo ello. El sexo sería el motor del amor. Hay gente que realmente consigue mantener un casamiento como si fuesen dos hermanos (sin chingar), pero es muy raro. En diversos casos, cuando no se tiene relación en casa, se la procura en la calle, aun diciendo amar el cónyuge y no tener nada más allá de un sencillo sentimiento de amor.



Lo que se percibe notablemente es que el ser humano no gusta ser contrariado en sus ideales, y decir algo contra es un gran desafío, porque se necesitan pruebas mayores para certificar el contrario de lo que concordar con él que ya tiene una visión preconcebida de las cosas.



En verdad, si las personas tuviesen realmente la solución para todos los problemas, o al menos la mayoría de ellos, probablemente resolverían los propios y sus vidas serían más próximas de un mar de leche, aunque ni todos sepan a nadar.



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