viernes 23 de abril de 2010

Sexiendo: Un ejercicio de la sexualidad

¿Ser hombre o mujer?: Ésta es una cuestión que envuelve directamente todas las personas. Se nace con pene o vagina, sin embargo el verdadero sexo está en el alma. Hay personas que simplemente aceptan lo que la naturaleza las dio en el nacimiento, pero hay aquellas que luchan a diario por otro género. Los conflictos interiores empiezan cuando ciertos individuos se dan cuenta que tienen un órgano sexual y deben de respetar el propio cuerpo, porque se les ha sido impuesto.

El ser humano pasa por varias transformaciones desde el momento que llega al mundo hasta la muerte, pero la mayor metamorfosis no es la física, y sí la espiritual o psíquica. Muchas veces los efectos del cuerpo son consecuencias de una mente que se mira como macho o hembra. Constantemente las personas están “sexiendo”, o mejor diciendo, ejerciendo su sexualidad. No es necesario estar haciendo el sexo con la pareja para “sexer” (unión de las palabras sexo + el verbo ser), basta vivir, siendo simplemente tú mismo/a todo el tiempo.

Cuando se elige una ropa o su color, o se mira alguien con apetito sexual, o también se decide trabajar en determinadas profesiones, o el modo como se usa los cubiertos para comer o el de andar, por ejemplo, ayuda a clasificar ciertos individuos en cuanto a la sexualidad. Pero las apariencias a veces nos engañan: hay hombres fuertes y musculosos que aprecian otros del mismo sexo, así como hay mujeres delicadas que usan pintalabios que sienten deseo por otras. Por lo tanto la sexualidad de los demás no está debajo o en el rostro.

Cada vez más las reglas y los valores que determinaban lo que las personas son se rompen y se pierden en lo que la humanidad considera como perdido: el respeto a la sexualidad heredada y regalada por “Dios”.

Ni todo el mundo consigue vivir el sexo que se le presenta más intensamente, pues tiene el miedo a ser descubierto o entonces, porque no se siente bien consigo propio, por causa de la familia, por ejemplo. Por eso no es tan difícil hallar personas que tienen una vida doble: en casa son hombres o mujeres, pero fuera son el contrario. Es posible decir que en estos casos, aunque no haya felicidad por completo, porque no se es “uno”, pero dos mitades, que ellos viven las dos fases del Tao al tener experiencias de los dos géneros. ¿Será esto un privilegio o una maldición?

No se puede ocultar para siempre o de todas las personas la verdadera sexualidad, pues muchas veces ella se refleja como un espejo. El sexo que viene del alma es el inicio de la identidad del ser humano. Hay allí un conflicto entre la voluntad del individuo y la de la naturaleza. Ambos quieren distintas cosas o simplemente seguir por caminos opuestos.

Follar con la pareja es solamente una forma de decir públicamente la función que se ejerce en la naturaleza, si es macho o hembra, nada más. Queriendo o no se es obligado instintivamente a dar explicaciones respecto de quien tú eres para que los demás sepan cómo tratarte. No necesitas decir que deseas ser tratado como hombre o mujer, gay o lesbiana, porque tu comportamiento les dará la respuesta.

Al definirte como macho o hembra se creará un escudo contra las personas que tienen mentalmente el mismo sexo que tú, pero vas a atraer los ojazos de aquellos que buscan alguien como a ti, porque es la ley del Taoísmo. La misma barrera también selecciona las parejas homo o heterosexuales.

Hay gente que tiene el don de llamar la atención de hombres y mujeres, por causa de la belleza, o entonces, porque ciertas personas ven algo que los demás o hasta mismo el propio individuo no consigue: quizá una predisposición para la homosexualidad o una sencilla curiosidad de tener nuevas experiencias en la cama, sin embargo no tiene el coraje a intentarlo.

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miércoles 7 de abril de 2010

De buenas con la muerte

¿Por qué te quedas deprimido/a en ciertos momentos de la vida (Navidad, Año Nuevo, Cumpleaños o cualesquiera otras fechas importantes)? ¡Todo en ti está gris: las cosas no se van bien, nada funciona, lo poco que ya se tenía se fue por el garete y tu vida está estacionada! La tristeza y la depresión invaden tu ser, y el simple hecho de poder vivir no te importa más.

Una tendencia de los melancólicos, principalmente los del siglo XXI, es profundizarse más en sus dolores, usándolas como alimentos mantenerse en un estado ebrio (aun cuando no hay bebidas alcohólicas): recordando los fracasos de ayer, de las cosas que no fueron solucionadas y creyeren que no hay más salida en el futuro. La peor utopía del ser humano es creer que ella existe.

Hay una grande voluntad de correr, esconderse: para algún lugar donde nadie te conozca. Pero, esto es muy difícil, hasta por el miedo o pasividad de salir de tus raíces, entonces luego se piensa que la única manera de acabar con su tristeza es la muerte. Lo que era visto con rechazo comienza a ganar un nuevo sentido: lo odiado es amado y viceversa.

Según parece, lo negativo se torna más fuerte, y dependiendo de quién esté sufriendo, esto pasa a ser bueno si realmente piensa que es la única solución: morir.

“¡Ya estás deprimido/a!” Se lo dicen. Se está de moda decir que uno está enfermo, y en algunos casos se quiere inmediatamente tomar un remedito. ¿Y cuando esta palabra (depresión) no existía o no había ningún significado, qué inventaban para explicarse?

Las pastillas caras y peligrosas (ya que son vendidas solamente con receta médica) apenas van a dejarte aturdido/a y hacerte olvidar de lo que estás pasando, pero no va a solucionar nada. Al contrario: se estará creando dos problemas y no uno: el primero es la crisis que todavía no hubo solución, y el segundo, la salud.

Las cosas no van fugarse de donde están y nada dejará de ser lo que es. Al decidir no enfrentar tu problema, simplemente lo agrava. Muchas veces, lo que debería quedarse oculto se torna evidente en las circunstancias, ya que el individuo tiene miedo de confesarlas. Lo peor de todo sin duda no es contar algo a los demás, sin embargo a ti propio sobre determinada verdad.

Todas las personas tienen problemas. Nadie posee inmunidad absoluta, ni en el alcohol o en las drogas, tampoco en el sexo o en la identidad, en el carácter etc. Todo el mundo tiene cola de paja, por eso no hay perfección humana.

Imagina un individuo que ya nace sufriendo o que es regalado por la vida: un discapacitado, ciego, sordo, mudo o que esté limitado por la naturaleza, y a veces se muestra más independiente que alguien aparentemente normal, lo dijimos así para tornar más fácil el raciocinio. Seguramente sólo esta persona sabe lo cuanto le cuesta mantenerse de pie, al menos delante de los otros.

La vida es como un espectáculo: ni siempre se puede elegir el asiento de donde se quiere verlo. Una misma escena puede ser vista de distintos lugares, y cada persona la interpreta como le conviene. A veces se lo mira de lo alto, otras, por debajo, o entonces se es un personaje fundamental de la pieza en cuestión. En este caso es la mirada de dentro para fuera.

A contrapelo de quedarse de buenas con la muerte, es mejor hacer las paces con la vida, pues ésta sin duda está dándote una nueva oportunidad, en este mundo, para corregirse en tus errores o a lo menos continuar de donde ha parado.

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domingo 4 de abril de 2010

Egoístamente tuyas

Se aprende en la familia que para vivir en sociedad hay que ser generoso/a y compartir lo poco que se tiene con los demás. Dicen que ayudar a los pobres te da una visa para el Cielo. Además, si se ayuda podrá haber futuramente un retorno, ni siempre de la misma persona, pero de alguien a quien la vida te ha preparado una grande recompensa, por un favor anterior.

Se da alimentos, ropas, dinero (a veces), remedios, consejos, apoyo etc. Sin embargo hay ciertas cosas que, creo yo, no se pueden prestar: la pareja, el coche y mucho dinero. ¿Aceptarías compartir tu amor con otra persona solita? Respecto del coche, éste es un lujo, y si uno no tiene condiciones financieras para tener el propio, entonces viaje de ómnibus, taxi o a pie. En cuanto el dinero, muchas veces los individuos se aprovechan de un favor amigo y no pagan sus deudas, confundiendo bondad con tontería.

Felizmente o infelizmente, hay cosas que dependiendo de lo que sean, no pueden ser compartidas: Son egoístamente tuyas. No hay como prestar la ropa interior, el cepillo de dientes y ni la dentadura postiza. No se puede dividir las alegrías tampoco las tristezas. Todo el dolor que sientes de este mundo o de algunas personas apenas te corresponde, pues aunque se quiera ser un buen amigo y ofrecer un apoyo, todo lo que se pasa contigo sólo te pertenece. No hay como disminuir un peso, transmitiendo un poco de tu carga para los demás. En verdad las personas simplemente quieren ser gentiles, y esto que también sienten no es por tu pérdida, pero por verte triste. Éste sentimiento nunca es igual al otro y se cambia cada individuo y según el momento que se esté viviendo.

A pesar de todo el ser humano sentir dolores, ellos son individuales y no pueden ser sentidos de igual intensidad si no hay un envolvimiento de más gente en una causa común. Un ejemplo muy sencillo es el de una familia de dos hermanos que pierde su padre o madre: los dos van a llorar porque son hijos de ese mismo hombre o mujer. Otros individuos pueden sufrir también, empero como un amigo, un vecino o un compadre, pero cada ser con su razón, y sin duda las heridas de la sangre son mayores de que los simples lazos de amistad, lo creo, pues a veces un extraño siente más que alguien de la propia casa.

Muchas cosas en este universo son únicas: el nacimiento, las experiencias, el carácter, el placer, la fe, las añoranzas, la muerte y la salvación. Es imposible vivir lo ajeno como se fuese tuyo. Lo que se adquiere mientras se está vivo es fruto de nuestro merecimiento y parte del conocimiento necesario para sobrevivir a lo difícil.

En ciertos casos lo individual no es egoísta, sino una protección en relación a los demás para que la singularidad sea respetada delante de tantas mezclas y diferencias sociales, culturales, políticas e ideológicas.

Querer gobernar el mundo solo/a es una actitud egoísta, del mismo modo que anhelar la infelicidad del prójimo. A veces pensar apenas en uno lo es también. Dicen que guardar para sí todo el conocimiento es egoísmo, sin embargo compartirlo con los demás es generosidad, pues así los otros pueden aprender con tus errores e intentar hallar un camino. Los cambios de información y experiencia tornan el universo individual más rico, contribuyendo en conjunto.

¿Será que existe egoísmo en la cama?: Esto va a quedarse para el texto número dos.

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